Las crisis de ansiedad son episodios de angustia extrema y repentina, que alcanzan su máxima intensidad en cuestión de minutos y que generan una incómoda sensación de pérdida de control. Estos episodios se caracterizan por la presencia de síntomas físicos, como sensación de falta de aire, palpitaciones, opresión en el pecho, mareo y miedo, ya sea a desmayarse, perder el control o incluso morir.

A pesar de lo alarmantes e intensas que son, las crisis de ansiedad no ponen en peligro la vida del paciente. Sin embargo, producen mucho sufrimiento y pueden comprometer la funcionalidad y calidad de vida de quienes las sufren. Cuando no se tratan adecuadamente, pueden complicarse con otros trastornos de ansiedad, depresión mayor o consumo de sustancias.

El tratamiento de los ataques de ansiedad ofrece muy buenos resultados, logrando erradicarlas y disminuyendo su impacto en la vida del sujeto.

 

Qué es un ataque de ansiedad

Un ataque de ansiedad se puede definir como una oleada repentina de miedo o malestar intenso que alcanza su máxima intensidad en pocos minutos. Durante este episodio, la persona experimenta una combinación de síntomas físicos y cognitivos, como palpitaciones, dificultad para respirar, opresión torácica, sensación de irrealidad o miedo a perder el control y morir. En algunas culturas se denomina también “ataque de nervios” o “crisis nerviosa”.

El término ataque de ansiedad es intercambiable por crisis de ansiedad, crisis de pánico y crisis de angustia. Todos estos términos hacen referencia a una misma experiencia: un episodio súbito de miedo o malestar intenso, acompañado de síntomas físicos y emocionales muy desagradable. Aunque pueden variar en frecuencia e intensidad, las crisis de ansiedad son relativamente comunes y, en la mayoría de los casos, no representan un peligro vital.

Tras una primera crisis de pánico, es muy probable que los episodios se sucedan en los días o semanas siguientes. Cuando los episodios son recurrentes y se acompañan de preocupación continua o conductas de evitación relacionadas con las crisis de angustia, es probable que estemos ante un trastorno de pánico.

Aclaración de conceptos: el trastorno de pánico es el diagnóstico clínico, mientras que la crisis de angustia es la experiencia puntual del episodio. Un ataque de ansiedad puede aparecer de forma aislada en el contexto de cualquier trastorno de ansiedad, como fobias específicas, trastornos depresivos, trastorno de estrés postraumático o trastorno por consumo de alcohol u otras drogas.

Cuando los ataques de ansiedad son recurrentes e inesperados, los psiquiatras diagnosticamos un Trastorno de pánico. Por recurrente entendemos que haya más de uno y, por inesperado, que no haya un desencadenante claro. Por ejemplo, una crisis de ansiedad es inesperada cuando el individuo intenta relajarse o mientras duerme (ataque de pánico nocturno). Por el contrario, es esperado después de una fuerte discusión, tras experimentar un accidente de tráfico o tras ver una serpiente (quien las tenga miedo).

Las crisis de ansiedad aparecen de forma súbita y duran unos pocos minutos.
 

¿Cómo se siente un ataque de ansiedad?

Un ataque de ansiedad se vive como una avalancha súbita de miedo o malestar intensos que suele durar de 10 a 45 minutos y alcanza su máxima intensidad rápidamente. Para que entendamos la magnitud del malestar, durante el apogeo de la crisis de ansiedad, muchas personas cofunden sus síntomas con un ataque al corazón.

Un episodio de crisis de pánico surge repentinamente desde un estado de calma o desde un estado de ansiedad previa. Al finalizar la crisis de ansiedad, algunas personas regresan a su estado previo en un corto espacio de tiempo, como si nada hubiera pasado. Esto suele suceder en quienes están muy acostumbradas a las crisis de angustia y han aprendido a no alarmarse tras el episodio.

Sin embargo, lo más común es que, después de la crisis de ansiedad, el sujeto mantenga un nivel moderado de ansiedad y preocupación. Si no se instaura un tratamiento adecuado, es posible que las crisis se repita unos minutos después. La recurrencia o repetición de las crisis de ansiedad puede generar un círculo vicioso de ansiedad anticipatoria, donde el miedo a una nueva crisis contribuye a su aparición.

El miedo a una nueva crisis puede favorecer su recurrencia y alimentar un círculo vicioso.
 

Síntomas de un ataque de ansiedad

Los ataques de ansiedad se pueden manifestar de forma muy variable de una persona a otro. Incluso, en una misma persona, el número y tipo de síntomas puede diferir de un episodio a otro. Normalmente, en un episodio no se exhiben todos los síntomas, pero al menos deben reunirse cuatro para considerarse un ataque de ansiedad completo. A continuación, vamos a enumerar cuáles son los síntomas de un ataque de ansiedad:

Qué es un ataque de ansiedad
  • Aceleración del pulso o sensación de palpitaciones (el corazón late más deprisa y con más fuerza).

  • Sensación de ahogo o dificultad para respirar (puede simular o confundirse con un ataque de asma).

  • Opresión o dolor en el pecho (puede parecer un infarto al corazón).

  • Sudoración.

  • Temblor.

  • Llorar o gritar incontrolablemente.

  • Ganas de vomitar (náuseas) o molestias gastrointestinales.

  • Sensación de mucho calor o escalofríos.

  • Mareo, aturdimiento o sensación de desmayo.

  • Hormigueo en las manos o en la cara.

  • Sensación de irrealidad (desrealización) o verse en tercera persona, como desde fuera (despersonalización).

  • Miedo a “volverse loco” o a perder el control.

  • Miedo a morir de forma inminente.

 

Conductas de evitación

Con esta descripción de los síntomas, cualquier persona, incluso alguien que nunca haya sufrido antes un ataque de pánico, puede imaginar lo angustiante que puede ser. Después de experimentar varios episodios repentinos de ansiedad, o incluso tras el primero, es habitual que la persona desarrolle un miedo persistente a que vuelvan a ocurrir y a sus consecuencias.

Esta preocupación suele acompañarse de cambios en el comportamiento o en los hábitos cotidianos en un intento de evitar la aparición de nuevas crisis. Estas conductas de evitación incluyen evitar actividades (ejercicio físico) y lugares (transporte público) asociados a crisis previas. En algunos casos, las conductas de evitación pueden condicionar la vida del individuo y ser más limitantes que los propios episodios de ansiedad, si estas ocurren de forma aislada y esporádica. Con el tiempo, pueden dar lugar al desarrollo de una agorafobia o incluso de un trastorno depresivo.

 

¿Cómo diferenciar un ataque de ansiedad de la ansiedad normal?

El ataque de ansiedad se diferencia de la ansiedad en que, en el primero, la intensidad de los síntomas es mucho mayor y el tiempo de instauración es muy breve. En pocos minutos, la crisis de ansiedad alcanza un pico máximo de intensidad; mientras que, en la ansiedad generalizada, esta es más estable en el tiempo y sus fluctuaciones son mucho más lentas.

 

El ataque de nervios

El ataque de nervios se considera un síndrome cultural asociado al trastorno de pánico. Es común en los países latinoamericanos y suele presentarse con unos síntomas característicos: temblores, gritos, llanto incontrolable, comportamiento agresivo hacia los demás o hacia uno mismo y síntomas disociativos de despersonalización o desrealización. Se suele originar por una discusión con otra persona y puede tener una duración un poco más larga que las crisis de pánico habituales.

 

Qué es el trastorno de pánico

Cómo se vive una crisis de angustia

El trastorno de pánico (también llamado trastorno de angustia) es un tipo de trastorno de ansiedad muy frecuente. Se caracteriza por la aparición de crisis de ansiedad recurrentes e inesperadas acompañadas de preocupación continua en torno a las crisis y de conductas de evitación. Los primeros síntomas suelen manifestarse en la adolescencia o al comienzo de la edad adulta, más raramente pueden debutar en la infancia o en ancianos.

El Trastorno de pánico puede asociarse a agorafobia cuando el miedo a las crisis de ansiedad hace que la persona evite lugares o situaciones de las que puede resultar difícil o embarazoso escapar. La Agorafobia suele aparecer típicamente asociada al Trastorno de pánico al imaginar que no habrá ayuda disponible en el caso de sufrir un ataque de pánico.

El Trastorno de angustia se diagnostica cuando aparecen al menos dos crisis de ansiedad y estas aparecen espontáneamente. Cuando decimos espontáneo nos referimos a que aparecen de forma inesperada, sin una señal o desencadenante que justifique el nivel de ansiedad. No es infrecuente que las crisis de ansiedad aparezcan durante el sueño o “relajado” en el sofá de casa. Si las crisis de ansiedad son TODAS esperadas o se produce una única crisis aislada, por ejemplo, tras el consumo de algunas sustancias (como la cocaína o el cannabis) o tras vivir una situación de riesgo vital (como ser testigo de un atropello), no se consideran dentro de un Trastorno de pánico. Es importante recalcar que la presencia de crisis de ansiedad esperadas no excluye el diagnóstico de Trastorno de pánico, ya que la mayoría de las personas con Trastorno de pánico sufren ambos tipos de crisis: esperadas e inesperadas.

El trastorno de pánico afecta a un 5% de la población en algún momento de la vida y es el doble de probable en mujeres que en varones. Es más frecuente en el comienzo de la edad adulta y adolescencia, mientras que es menos frecuentes en niños y ancianos.

Una de cada 20 personas sufren un trastorno de pánico a lo largo de la vida.
 

Causas del Trastorno de pánico

Se sabe que existe una predisposición genética al trastorno de pánico, aunque aún no se han identificado con exactitud los genes implicados. Los hijos de personas con ansiedad, depresión y trastorno bipolar tienen más riesgo de desarrollar un trastorno de pánico. Esto no significa que sufrir ataques de ansiedad implique necesariamente que otro familiar tenga o vaya a tener alguno de estos otros trastornos. Algunas enfermedades respiratorias, como el asma, pueden aumentar la vulnerabilidad al trastorno de angustia.

La gran mayoría de las personas con ataques de ansiedad los relacionan con situaciones de estrés recientes, como problemas personales, familiares, laborales, económicos o de salud. Además, el consumo de drogas puede precipitar un episodios de ansiedad, tanto por su efecto directo como por los síntomas de abstinencia. Por ejemplo, el consumo de cocaína, anfetaminas, cannabis y alucinógenos pueden causar ansiedad y ataques de pánico. También pueden ocurrir a lo largo de un síndrome de abstinencia al alcohol, benzodiacepinas u opiáceos.

No solo las situaciones estresantes recientes influyen en las crisis de ansiedad, también se ha observado que las personas que han sufrido abuso infantil presentan un mayor riesgo de experimentar crisis de angustia en la adolescencia y edad adulta.

Desde el punto de vista del diagnóstico psiquiátrico, sufrir crisis de ansiedad no implica necesariamente un diagnóstico de trastorno de pánico. Cuando los episodios de crisis de ansiedad no son espontáneos y, por el contrario, ocurren de forma previsible, suelen estar asociados a otros trastornos de ansiedad. Por ejemplo, una persona con fobia a las arañas puede tener una crisis de ansiedad al ver una. De manera similar, viajar en metro o escuchar la explosión de un petardo puede desencadenar una crisis de ansiedad en personas con agorafobia o estrés postraumático, respectivamente. En estos tres casos, las crisis de ansiedad ocurren de forma predecible en respuesta a una situación fóbica conocida por el paciente.

En otras ocasiones, las crisis de ansiedad pueden aparecer en respuesta al consumo de una sustancia o como síntomas de otra condición médica (asma, arritmias, hipertiroidismo, feocromocitoma, etc.). Aunque es poco conocido, fumar es un factor de riesgo para los ataques de pánico

Si las crisis de ansiedad no aparecen también de forma espontánea o de imprevisto, no debería hacerse el diagnóstico de trastorno de pánico.

 

¿Por qué se producen los ataques de pánico?

Ataque de pánico

Existen distintos modelos para explicar las crisis de ansiedad. Uno de los que me parece más sencillo y clarificador es aquel que las describe como el resultado de una predisposición genética a la ansiedad, combinada con un mal funcionamiento del sistema de alarma frente al estrés.

Los seres vivos contamos con mecanismos de defensa innatos que se ponen en marcha cuando percibimos una situación de riesgo. Llamamos sistema de alarma al sensor que se activa al percibir el peligro y que produce tres tipos de respuesta: lucha, huida y parálisis (en ingles “las tres F”: fight, flight y freeze). La activación del sistema de alarma desencadena una respuesta automática el sistema nervioso simpático, que prepara al cuerpo para afrontar la amenaza luchando, huyendo o haciéndose el muerto.

La activación del sistema nervioso simpático hace que el corazón lata más deprisa, se acelere la respiración, se tensen los músculos y la mente entre en un estado de hiperalerta. Estos cambios se producen con el objetivo de aumentar las probabilidades de supervivencia al estar preparados para cualquier acción. Sin embargo, en las crisis de ansiedad, este sistema se pone en marcha sin que exista un peligro real. El sistema ha interpretado erróneamente una amenaza y activado el sistema simpático ante una situación que no se resuelve ni peleando ni saliendo corriendo.

En algunos casos, la persona es capaz de identificar qué provocó la crisis de ansiedad, como una preocupación laboral, de salud o personal. Sin embargo, en otras ocasiones, la crisis aparece de forma espontánea, sin un claro desencadenante, lo que puede resultar más confuso y angustioso para el paciente.

 

Síntomas del Trastorno de pánico

Síntomas de las crisis de ansiedad

El síntoma principal del trastorno de pánico es el ataque de ansiedad, que hemos descrito anteriormente. Sin embargo, existe una gran variabilidad en cómo se manifiestan los ataques de ansiedad, ya que cada persona los experimenta de distinta manera en cuanto a intensidad, frecuencia y síntomas.

La frecuencia de las crisis de ansiedad es muy variable de una persona a otra. Algunas personas sufren varias crisis al día, otras las experimentan cada varios días o pueden pasar meses entre un episodio y otro. Además de la periodicidad, la intensidad de las crisis de pánico también es variable. Algunas son leves y transitorias, mientras que otras pueden ser más intensas y generar una sensación de pérdida de control o miedo extremo.

Por lo general, la intensidad de un ataque de pánico se evalúa en función del número de síntomas, aunque también depende de la percepción subjetiva del paciente y de su conocimiento sobre el trastorno. No es lo mismo tener una crisis de ansiedad sabiendo qué es porque ya se ha pasado muchas veces por ella, que enfrentarse a la primera crisis de ansiedad que no entiendes qué te está ocurriendo. En cualquier caso, una misma persona puede experimentar síntomas distintos en cada crisis de ansiedad que sufra.

 

Reacción ante una crisis de ansiedad

Durante una crisis de ansiedad, la persona que la sufre puede confundir sus síntomas (sensación de falta de aire, presión en el pecho, sudoración, palpitaciones) con los de un ataque al corazón. La mejor manera de diferenciar una crisis de ansiedad de un ataque al corazón es acudiendo a urgencias y realizando un electrocardiograma y otras pruebas médicas.

A pesar de haber ido a urgencias una o varias veces, es muy característico que las personas que han tenido una crisis de ansiedad mantenga un alto nivel de preocupación por lo ocurrido. Es frecuente que persista un elevado temor a que las pruebas realizadas no hayan sido suficientes para descartar enfermedades graves y aparezcan preocupaciones hipocondríacas, como que su vida corre peligro. Otras personas desarrollan una preocupación social: siente vergüenza o miedo a ser juzgados negativamente por los demás, que puedan pensar que es un signo de “debilidad mental”. También es frecuente la preocupación por perder el sentido de realidad y creer que se está “volviendo loco”; si se me permiten estas expresiones coloquiales que no pretenden ser peyorativas sino transcripciones literales de lo que cuentan los pacientes.

Las crisis de ansiedad recidivantes pueden afectar al comportamiento de una persona, modificando sus hábitos y rutinas. Por ejemplo, suelen evitar determinadas actividades o situaciones que consideren que han desencadenado crisis de pánico en el pasado, como conducir, ir en metro o autobús o estar en clase en la universidad. Cuando el trastorno de pánico se acompaña de estas conductas de evitación el impacto negativo en la calidad de vida del sujeto es mayor, limitando su autonomía y funcionamiento cotidiano.

 

Crisis de ansiedad asociado a agorafobia

Como decíamos anteriormente, el miedo a no tener ayuda disponible en caso de que se repita la crisis de ansiedad, hace que estas personas desarrollen también Agorafobia. La agorafobia se caracteriza por la aparición de ansiedad y miedo ante un elevado número de situaciones de las que pueda ser difícil escapar o donde pedir ayuda sea difícil o embarazoso. Es considerada la fobia más frecuente y también la más incapacitante.

Las crisis de ansiedad, por definición, son inesperadas y recurrentes.

 

Dónde suelen dar las crisis de ansiedad

En el trastorno de pánico, las crisis de ansiedad son inesperadas y recurrentes. Esto significa que pueden ocurrir en cualquier momento y lugar, pero suele ser habitual que aparezcan en el trabajo, en el transporte público, conduciendo, en sitios mal ventilados, en lugares muy concurridos.

El no saber cuándo vas a tener la próxima crisis de ansiedad hace que muchas personas esperen con inquietud el próximo ataque, que puede aparecer “de la nada”. Por este motivo, les da tranquilidad estar acompañados de personas de confianza o quedarse en casa, donde sufrir una crisis de pánico sería menos embarazoso y más fácil pedir ayuda. Estas conductas suponen una mala adaptación, ya que limitan la libertad y autonomía del paciente y su familia. El extremo de estas conductas desadaptativas sería mantenerse cerca de un hospital, para poder acudir a urgencias en el momento de volver a notar algún síntoma.

Cuando las crisis de ansiedad ocurren en el medio laboral no suelen considerarse un accidente laboral, aunque hay excepciones. Las crisis de ansiedad que ser consideran accidente laboral son las que puedan estar relacionadas con una situación de peligro físico real sucedido en el trabajo o las que aparecen como consecuencia de una agresión laboral o mobbing (acoso laboral). Para poder demostrarlo es necesario un parte médico de lesiones, un informe del servicio de salud laboral o de prevención de riesgos laborales y, en última instancia, un informe pericial psiquiátrico.

 

Ataque de ansiedad durmiendo

Los ataques de ansiedad nocturnos durante el sueño son muy característicos del trastorno de pánico. Consiste en despertarse súbitamente en un estado de pánico intenso acompañado de síntomas característicos: taquicardia, sensación de ahogo o miedo a perder el control. El conocimiento de las crisis de ansiedad en sueños permite diferenciarlas de las pesadillas, en las que el ataque de ansiedad puede aparecer después de despertarse totalmente del sueño.

 

Diagnóstico del Trastorno de pánico

El trastorno de pánico afecta aproximadamente al 2-3 % de la población adulta y adolescente. No obstante, la prevalencia de los ataques de pánico aislados es mucho mayor: se estima que una de cada diez personas sufre un ataque de ansiedad cada año.

Aunque no hay diferencias clínicas entre géneros, el trastorno es más frecuente en mujeres, habiendo aproximadamente el doble de casos que en hombres. En personas mayores y en niños son menos frecuentes. Los síntomas en los adolescentes son los mismos que en los adultos.

 

Diagnóstico diferencial del trastorno de pánico

El trastorno de angustia debe diferenciarse de otras afecciones médicas que pueden acompañarse de ataques de ansiedad. Muchos trastornos mentales pueden manifestar como síntoma una crisis de ansiedad, algunos de estos trastornos serían: Fobias específicas, el Trastorno por estrés postraumático, la psicosis o los trastornos por consumo de alcohol y otras drogas. En estos ejemplos dados, las crisis de ansiedad serían situacionales o esperadas: provocadas por el objeto temido (una aguja), un recuerdo intrusivo del trauma o el efecto directo de una sustancia psicoactiva. También existen enfermedades médicas que pueden provocar crisis de pánico, como el hipertiroidismo y el feocromocitoma.

Es muy recomendable, casi imperativo, la realización de un electrocardiograma y una analítica en una persona que ha tenido crisis de ansiedad. El electrocardiograma va a descartar la gran mayoría de las enfermedades del corazón, como arritmias que puedan dar síntomas similares al ataque de ansiedad. La analítica general debe incluir la TSH (hormona tirotropina del tiroides), el hierro y, en algunos casos, el calcio. Si la ansiedad apareciera con cifras elevadas de tensión arterial, sería recomendable también descartar un feocromocitoma (un tumor raro de la médula suprarrenal).

Los ataques de ira y los ataques de pánico son fenómenos distintos, aunque ambos puedan ser intensos y desbordantes. En los ataques de ira predomina una emoción de rabia, frustración o impotencia, mientras que en los ataques de pánico se caracterizan por la aparición repentina de un miedo intenso sin explicación aparente. Los ataques de ira aparecen en respuesta a acontecimientos conocidos que se vivencian con un ira incontrolable.

 

Tratamiento del Trastorno de pánico

El tratamiento de las crisis de ansiedad comienza con un diagnóstico correcto. Como hemos comentado anteriormente, es necesario descartar una intoxicación, enfermedades médicas y trastornos psiquiátricos. Lo recomendable es que se realice una valoración en urgencias del paciente o por el médico de familia para descartar una causa física. Si se encuentra alguna causa que justifique la crisis de ansiedad, debemos tratar la enfermedad subyacente y monitorizar si las crisis de ansiedad no se repiten una vez completado el tratamiento.

Una vez confirmado el diagnóstico de Trastorno de pánico, se debe proponer al paciente un abordaje terapéutico individualizado a sus necesidades clínicas y sus preferencias personales. El tratamiento del trastorno de pánico incluye dos posibilidades no excluyentes: la medicación y la terapia.

En muchos casos, la combinación de ambas modalidades de tratamiento ofrece un efecto sinérgico y puede proporcionar los mejores resultados. En mi opinión, si las crisis de ansiedad son muy intensas, muy frecuentes y tiene un impacto significativo en la vida del paciente (como bajas laborales o cambios drásticos en rutinas), la medicación es la opción más rápida y eficaz para estabilizar el cuadro en el corto plazo. No obstante, la psicoterapia ha demostrado los mejores resultados a largo plazo. Por ello, la combinación de medicación y terapia suele ser la opción más recomendable en la mayoría de los casos.

Tanto si el tratamiento elegido es la psicoterapia como si es la medicación, la psicoeducación del trastorno de pánico desempeña un papel central en su tratamiento. La psicoeducación enseña al paciente en qué consiste su problema, cómo se origina, cómo identificarlo y cómo se trata. Una parte esencial de la psicoeducación es el acceso a información rigurosa y comprensible, algo que precisamente estás haciendo al leer este artículo. Estos conocimientos empoderan al paciente para poder participar activamente en su proceso de recuperación.

 

¿Qué hacer ante una crisis de ansiedad?

Ante una crisis de ansiedad o ataque de pánico, lo más importante es recordar que, aunque los síntomas son intensos y angustiantes, no comprometen la vida de una persona. Si te está ocurriendo a ti la crisis de ansiedad, es importante que te recuerdes mentalmente que estás ante una crisis de ansiedad y que va a pasar. Puede ayudar respirar lento y profundo: inhala por la nariz lentamente contando hasta 4, retén el aire un par de segundos y exhala por la boca más lento contando hasta 6. Evita hiperventilar en cualquier caso. No luches contra la crisis, quizás te ayude cambiar de ambiente a un lugar tranquilo y bien ventilado. Las técnica de grounding pueden ayudar: siente tus pies en contacto con el suelo, toca algo con textura y concéntrate en pensar en el aquí y ahora. Como tratamiento de las crisis de ansiedad, puedes tomar la medicación que te haya indicado tu médico para tal fin; si no te ha indicado ninguna, no la tomes por tu cuenta.

Si estás con alguien que está teniendo una crisis de ansiedad, ¿qué puedes hacer? Quédate cerca de la persona, respeta su espacio vital y háblale calmadamente. Anímale a respirar lentamente contigo, como hemos explicado antes. Si te mira a los ojos podría favorecer el traerle al aquí y ahora, pero no le insistas ni le fuerces. No minimices su sufrimiento (“no es para tanto” o “no hay motivos para ponerse así”). Tampoco le alimentes el miedo preguntándole cómo de mal se encuentra. Lo esperable es que dure unos pocos minutos y se resuelva espontáneamente. No le des una medicación si no se la ha prescrito previamente un médico. Llama al servicio de urgencias (112), especialmente si no resuelve el malestar, se desmaya, le duele el pecho, etc.

 

Tratamiento farmacológico para el Trastorno de pánico

La esencia del tratamiento del trastorno de pánico reside en la prevención de nuevas crisis de ansiedad, más que en la intervención puntual en el momento del episodio de pánico. A diferencia de lo que mucha gente cree, tratar con medicación las crisis de ansiedad en el mismo momento en que ocurren no sirve de mucho. Si tenemos en cuenta que la duración de una crisis de ansiedad es de 10 a 45 minutos y el tiempo mínimo que puede tardar un ansiolítico en reducir la ansiedad es de 20 minutos, a lo sumo podremos logar actuar a mitad de la crisis. Por tanto, como decía, el objetivo es evitar que esa persona vuelva a experimentar una crisis de ansiedad. Esta prevención de las crisis de ansiedad se logra con medicamentos específicos para las crisis de ansiedad, como los antidepresivos ISRS, que actúan modulando la base neurobiológica del trastorno y reduciendo la vulnerabilidad a nuevas crisis.

Tratamiento de las crisis de pánico

La medicación para el trastorno de pánico consiste en la administración de uno de los antidepresivos denominados ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina). Dentro de los ISRS, los más empleados para el tratamiento del trastorno de pánico son: Paroxetina, Fluoxetina, Sertralina, Escitalopram y Citalopram.

Aunque no existen diferencias significativas en cuanto a eficacia entre los ISRS, es recomendable empezar con dosis menores que las empleadas para la depresión, debido a que pueden provocar un aumento transitorio de la ansiedad durante los primeros días. Este efecto activador es más evidente con la Fluoxetina. Por este posible aumento transitorio de la ansiedad y por el tiempo que tardan los antidepresivos en empezar a hacer efecto (al menos 2-4 semanas), se recomienda en muchos casos complementar el tratamiento antidepresivo con benzodiacepinas los primeros días.

Las benzodiacepinas más empleadas para las crisis de ansiedad son: Alprazolam (Trankimazin ®), Lorazepam (Orfidal ®) y Clonazepam (Rivotril ®), aunque hay otras muchas que también se utilizan. La duración del tratamiento con benzodiacepinas debe ser idealmente inferior a seis u ocho semanas y su retirada debe ser gradual. Se recomienda administrarlas en horarios regulares, y no a demanda, para alcanzar el efecto deseado por igual durante todo el día y evitar su toma descontrolada o abusiva. Además, pueden ser útiles para tratar el insomnio asociado al trastorno de pánico.

Una ventaja importante del uso de antidepresivos es su eficacia no solo en el trastorno de angustia, sino también en otros trastornos de ansiedad (como agorafobia y trastorno de ansiedad generalizada) y en los síntomas depresivos, que habitualmente lo acompañan. De esta manera, con un único fármaco podemos tratar varias condiciones coexistentes.

En el tratamiento farmacológico del trastorno de pánico también se utilizan otros medicamentos, como Duloxetina (Xeristar ®, Cymbalta ®), Venlafaxina (Vandral ®, Dobupal ®), Gabapentina (Neurontin ®) y Pregabalina (Lyrica ®).

 

Tratamiento psicológico del trastorno de angustia

La psicoterapia para los ataques de ansiedad puede resultar una opción muy convincente, especialmente en los casos menos graves y que provocan menos limitación funcional. La psicoterapia, frente a la medicación, tiene la ventaja de lograr efectos más duraderos en el tiempo. En concreto, la terapia cognitivo-conductual ha demostrado ser tan efectiva como los medicamentos en el manejo del trastorno de pánico. También pueden aplicarse enfoques psicoterapéuticos de otras orientaciones que, aunque cuentan con menos investigación clínica, pueden obtener unos resultados muy similares. La psicoterapia la puede realizar un psiquiatra psicoterapeuta o un psicólogo clínico.

Cuando las crisis de ansiedad afectan a un menor de edad, lo ideal es acudir a un psicólogo clínico infantil o a un psiquiatra infantil.

 

Tratamiento combinado del trastorno de angustia

El tratamiento combinado consiste en la administración conjunta de medicación y psicoterapia. Tiene la ventaja del rápido efecto de la medicación y de la mayor duración del efecto una vez terminados los dos tratamientos. Es, en la mayoría de los casos, la mejor de las opciones.

 

Pronostico del trastorno de pánico

En el trastorno de pánico, los primeros ataques de ansiedad suelen aparecer entre los 20 y los 25 años. Es raro que las crisis de angustia aparezcan antes de la adolescencia y después de los 45 años, aunque puede ocurrir. Si no se trata, lo esperable es que el trastorno se cronifique. Los síntomas aparecen continuamente o por temporadas en forma de brotes intermitentes. En algunos casos, pueden llegar a pasar años de una crisis a la siguiente.

El riesgo de no tratar los ataques de ansiedad, no es solo que se cronifique, también está que se complique con otros trastornos. Los trastornos mentales que más frecuentemente se asocian al Trastorno de pánico son: la agorafobia, la depresión mayor, el consumo de alcohol u otras sustancias y otros trastornos de ansiedad.

La depresión y el trastorno de pánico están muy relacionados entre sí. Ante la pregunta de qué viene primero, podemos responder que en aproximadamente dos de cada tres personas, los ataques de ansiedad preceden a la depresión. Algo parecido sucede con la asociación con el consumo de drogas y alcohol: que suele ir precedido de las crisis de ansiedad. Hay teorías que defienden si el consumo aparece en un intento de aliviar las crisis de pánico y el temor continuo a que se repitan.


 
Psiquiatra especialista en ataques de ansiedad en Madrid.

Psiquiatra especialista en crisis de ansiedad